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BY-NC-ND 4.0 license Open Access Published by De Gruyter August 24, 2020

Storytelling: representaciones mediáticas de las memorias en Colombia

Neyla Graciela Pardo Abril

Abstract

Collective memories are multiple discursive practices, in which social representations about a common past are used to build and maintain cohesion and identity of groups socio-historically located at a socio-culturally determined moment and to project future in frameworks of rights and dignity. It is understood that the memories articulated to the Colombian armed conflict are diverse: different stories of violence, oppression and resistance of peoples, communities and groups are identified and made explicit. Thirty media narratives distributed in the ElTiempo.com Special “Thirty encounters with peace” (2017) comprise the universe of research. The sample is made up of seven narratives that propose the sense of testimony. The selected format is storytelling, which is built in the special edition of the newspaper as a communication proposal for the reconstruction of the social fabric, within the year after the signing of the Peace Agreement between the National Government and the FARC-EP (post-agreement). The research is nucleated on situations of rights violations linked to the conflict, and the proposals derived from these narratives, as regards the overcoming of the exercises of violence to which they refer. The analysis is assumed from the principles of Multimodal and Multimedia Critical Discourse Studies (MMCDS). The forms of representation in the discourses, their multimodal articulations and the multimedia implications in the production of meanings are articulated; the final aim is to derive sociopolitical consequences of the discursive proposal, constructed and socialized in the narratives of the special edition of the newspaper.

Resumen

Las memorias colectivas son prácticas discursivas múltiples, en las cuales las representaciones sociales sobre un pasado común se usan para construir y mantener cohesión e identidad de grupos situados socio-históricamente en un momento socioculturalmente determinado y, que proyectan futuro en marcos de derechos y dignidad. Se entiende que las memorias articuladas al conflicto armado colombiano son diversas, donde se explicitan e identifican diferentes historias de violencia, opresión y resistencia de pueblos, comunidades y colectivos. El universo de la investigación se compone de treinta narrativas mediáticas distribuidas en el Especial del ElTiempo.com (2017) “Treinta encuentros con la paz”; la muestra está constituida por siete narrativas que proponen, desde el medio de comunicación, el sentido del testimonio. El formato seleccionado es el storytelling, que se construye en la edición especial del periódico, como propuesta comunicativa para la reconstrucción del tejido social, en el marco del año posterior a la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP (postacuerdo); se formula un estudio sobre situaciones de vulneración de derechos vinculadas al conflicto, y las propuestas que se derivan de dichas narrativas, en torno a la superación de los eventos de violencia a los que remiten. Se asume el análisis desde los principios de los Estudios Críticos de los Discursos Multimodales y Multimediales (ECDMM). Finalmente, se relacionan las formas de representación en los discursos, sus articulaciones multimodales, las implicaciones multimediales en la producción de significados, de los cuales se derivan las consecuencias sociopolíticas de la propuesta discursiva construida y socializada en los storytelling.

1 Introducción

La construcción mediática del storytelling, se expresa como una práctica de los medios de comunicación caracterizada por diseñar y producir narrativas que se distribuyen como una unidad de sentido multimodal (Ledin y Machin, 2019). Son, por lo tanto, narrativas altamente visualizadas que se estructuran en modos semióticos múltiples que incluyen imágenes fijas o móviles, audio (música y ruidos), lengua oral o escrita, y expresiones corporales, kinestésicas y proxémicas. Es una unidad que se propone interactiva para lo cual apropia géneros, crea hibridaciones y distribuye una multiplicidad de expresiones comunicativas con sentidos sociales múltiples y diversos: historias digitales, ensayos, fotos, videos musicales, documentales y de animación. Las historias digitales, entre las cuales se verifica la producción y distribución del storytelling, son propuestas como narraciones personales – testimonios o historias creativas – ficcionales; la mixtura e hibridación de los géneros formulan un tipo de “originalidad” en la que se integran recursos sígnicos y herramientas tecnológicas.

El carácter multimodal se fundamenta en que los modos semióticos- tejidos sígnicos- no se expresan aislados, por lo que la producción de significado se construye a través de complejas combinaciones de los distintos tipos de recursos sígnicos a los que se accede en una cultura. Como lo han señalado Ledin y Machin (2019), recuperar el significado impone la observación y explicación de cómo los tipos de recursos semióticos se elaboran, se relacionan y trabajan en una unidad de producción de significado, atendiendo las formas en que los modos operan, formulan relaciones de dependencia entre sí, evolucionando y contribuyendo a gestionar el proceso de interacción. Los diferentes recursos semióticos producen un significado en conjunto, pero cada uno aporta diversas formas de crear significado. En el núcleo de esta forma de analizar y explicitar el discurso, se reconoce que los tejidos de sistemas sígnicos se abordan desde el campo de la semiótica. Desde Saussure (1998) a Peirce (1987), con sus desarrollos más fuertes en Barthes (1977) o Eco (1990), se han caracterizado y tipificado para su explicación los diferentes tipos de signos que componen los recursos semióticos. Es viable reconocer grados de abstracción de los signos, recuperando su valor convencional y simbólico, identificando grados de iconicidad, o signos portadores de marcas, huellas, o índices. En este sentido, las imágenes, la lengua en uso, el color y las formas para crear significados, pueden representar y simbolizar de una manera, que puede resultar inviable para otro sistema de signos.

En este trabajo, se asume el principio de que el storytelling es una expresión discursiva que, como producción cultural, construye conocimiento sobre las realidades socioculturales, políticas y, en general, naturales del mundo. Su alcance en la orientación del saber colectivo se articula de manera estratégica a los medios masivos y a los soportes tecnológicos digitales, los cuales tienen propósito mercantil, eficientista, competitivo y fragmentador. En este marco de condicionamientos políticos -económicos, los medios masivos son multinacionales que han hecho de la información un objeto de mercado, que en la globalización está desregularizado para garantizar las formas de acumulación de capital. Los efectos de la aplicación de la política neoliberal y la economía global han gestado la elisión de los principios y normas de servicio público y de responsabilidad social y ética con las comunidades. Este fenómeno deteriora la calidad de la información y garantiza la desconexión y fragmentación cognitiva, así como la incapacidad para la acción política de los ciudadanos (Fox y Waisbord, 2004).

En este trabajo se abordan discursos multimodales y multimediales, permitiendo señalar cómo los discursos mediatizados se formulan con el propósito de controlar y orientar las prácticas sociales para ponerlas en concordancia con los intereses de la ideología dominante, sus elites y sus diseños estratégicos de orden socio político y económico. Desde este punto de vista, los discursos, como el storytelling, son espacios simbólicos para recontextualizar, producir formas de saber-creer y desarrollar las prácticas sociales deseables en el marco de los condicionamientos en los que se produce e interpreta el discurso (Van Dijk, 2016; Van Leeuwen, 2008). En el diseño del discurso se operacionalizan recursos semióticos y estrategias discursivas a través de las cuales se elimina, adiciona, sustituye, amplifica lo que se expresa o, se apropian procesos, que hacen posible percibir causalidad, efectos, identidad, representando un orden de la realidad. Esta forma de abordar los discursos de los medios impone al investigador indagar sobre el papel que desempeñan los medios de comunicación en la recontextualización de la práctica social.

El corpus son narrativas multimodales y multimediales cuyo propósito comunicativo es tramitar procesos de superación de la victimización a través del storytelling, en los cuales se formulan saberes, creencias, axiologías, memorias, opiniones, valores, puntos de vista, formas de proceder y maneras de crear saberes a fin de incidir y orientar la construcción de la superación de la victimización, mediante la representación de un sistema de acciones sociales deseables y posibles. Por la multidimensionalidad del fenómeno que se estudia, se propone integrar diferentes epistemologías y métodos que hagan posible formular análisis e interpretaciones en perspectiva crítica, contribuyendo a desentrañar los recursos semiótico-discursivos y los soportes que dan paso a las memorias individuales o colectivas con las estrategias para su superación. La exploración se orienta por un sistema de cuestiones del tipo: ¿qué representaciones orientan los procesos de superación de la victimización?, ¿qué estrategias discursivas visibilizan o invisibilizan algunos aspectos del conflicto armado colombiano y como se proponen las formas de superación?, ¿cómo se formula la victima superada?, ¿cuáles son las estrategias y acciones para la superación?, ¿qué actores y ámbitos de la vida social se representan como espacios de superación?, entre otras cuestiones que se desentrañan de las narrativas que se analizan. Los “Treinta encuentros con la paz”, están diseñados, producidos y distribuidos en el Especial del ElTiempo.com (2017). Los storytelling constituyen una propuesta explícita del medio de comunicación, para la reconstrucción del tejido social[1], en el marco del año posterior a la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP (postacuerdo).

2 Narraciones mediáticas: ver y saber en los Storytelling

Las narrativas se sirven principalmente de la formulación de representaciones espaciotemporales (De Fina, 2003) que se proponen para ser compartidas intersubjetivamente por una comunidad. Estas representaciones no solamente aportan etiquetas para señalar los elementos de la realidad, sino que funcionan como regímenes de visibilidad e invisibilidad que focalizan u ocultan eventos y hechos que son claves para la interpretación de los fenómenos sociohistóricos. Esto se conecta con la noción de memoria colectiva en cuanto la comprensión de los hechos pasados moldea la elaboración de formas de ser-estar en el mundo que tienen un impacto en los presentes y los futuros múltiples construidos socialmente.

La memoria colectiva se puede caracterizar como un sistema de interrelaciones entre las formas de conocer individuales y colectivas donde se ponen en discusión visiones del mundo, marcos identitarios y axiologías. Labavre (2009) incluye como factores del moldeamiento de la memoria colectiva las representaciones posibles, la interacción entre las políticas de memoria y los recuerdos de la experiencia vivida. La memoria colectiva como tal no es una unidad estable y fija, sino que es dinámica y se retroalimenta de eventos dialécticos y dialógicos que tienen lugar en los distintos espacios sociales, donde se presentan tensiones entre los distintos actores sociales y políticos. Los consensos y las rupturas alcanzados en los procesos de formulación de memoria colectiva, no solo tienen como marco de referencia los hechos que ocurren en la arena política pública, sino también en los desarrollos comunicacionales que son propuestos para el consumo bajo el marco de prácticas sociales y discursivas que imposibilitan la cognición colectiva, restringiendo las posibilidades de reflexión y actuación a una praxis individual.

Estas narrativas de consumo se ponen en juego a través de distintas formas de mediatización que dependen de los alcances y potencialidades semiótico-tecnológicas de quienes los producen y los socializan. La narración digital formulada como storytelling se ha constituido en un género emergente de las narrativas mediáticas contemporáneas. Los medios masivos de comunicación las usan con el propósito de “documentar” realidades sociales tan complejas como el proceso de construcción de paz en Colombia. Después de seis décadas de conflicto armado, en el que se han implicado las poblaciones históricamente más marginalizadas del país como campesinos, indígenas y afrodescendientes, el número de víctimas, de acuerdo con la Red Nacional de Información, (RNI, 2020) asciende a ocho millones setecientos setenta y un mil ochocientas cincuenta (8.771.850) personas.

El storytelling es un subgénero narrativo que se propone mediatizar de forma eficiente la “transmisión de información” y conocimiento. El carácter visual de este tipo de narrativa ha adquirido impulso mediante el uso de técnicas digitales que se proponen llegar fácilmente a la comprensión y uso de saberes que orienten la acción individual y colectiva. El subgénero narrativo recupera la importancia de contar historias visualizando datos. La neurociencia de la narración sugiere que los seres humanos responden físicamente mejor a las historias que a cualquier otra forma de “consumo de información” y que los oyentes se identifican mejor con el narrador, traducen la historia en ideas relacionables y la información se procesa y se recupera con mayor precisión por los destinatarios conectados (Donan y Unlu, 2018). El hilo conductor es la empatía evocada por la narración. Las narrativas mediáticas y los marcos que se asocian se ponen al servicio de ciertas explicaciones sobre problemas sociales, abordando datos que inducen la toma de decisiones en perspectivas bien establecidas y predeterminadas.

Por su carácter documental, el storytelling aplica en el diseño y producción de la narrativa funciones semántico-pragmáticas, a través de las cuales se propone registrar-revelar- conservar, persuadir-promover, e interrogar-expresar, ajustando el subgénero a la descripción con el propósito de construir o reelaborar la experiencia y preservar una historia personal, revelando fragmentos de actores discursivos que usualmente carecen de voz en el mass media. En esta sección, en adelante, se ilustran algunas de las categorías propuestas en el diseño y producción de la narrativa, con el propósito de generar una conexión entre la conceptualización teórica y el manejo semántico-pragmático que hace el medio de comunicación. El Especial de ElTiempo.com, “Treinta encuentros con la paz”, es la recopilación de historias públicas localizadas y documentadas a través de actores discursivos que se representan en el uso de la tercera persona:

(1)
Los 58 años de Jorge Quiroz Tietjen son insuficientes para llegar a conocer la vasta riqueza cultural que tiene San Jacinto y la región de los Montes de María, donde se ubican 15 municipios entre Sucre y Bolívar, entre estos El Salado y El Carmen de Bolívar.
(“San Jacinto, el pueblo que volvió a nacer”).

Se formula narrativas mediáticas que develan experiencias, sentimientos y expectativas personales, a través de la cuales se instrumentaliza el propósito de persuadir sobre las formas de comprender e interpretar la etapa del postacuerdo. La construcción de “modelos” de víctimas que se han “superado” se evidencia en la formulación axiológica de casos exitosos de sujetos emprendedores que encarnan los valores neoliberales. La víctima se modela en las narrativas como recurso de persuasión.

(2)
Daniela fue medalla de oro en las competencias colombianas de 2016 y logró superar a la competidora – también aprendiz – de la regional Santander del Sena, una de las plazas más fuertes cuando se trata de producción de chocolates de alta calidad. Lo hizo con un pie fracturado, en muletas, luego de trabajar jornadas intensas que superaban las 24 horas, para pensar e innovar en nuevas formas de descubrir el chocolate.
(“¿A qué sabe la paz?”).

El recurso de persuasión es la expresión de formas de subjetivación del saber-posicionarse político, en el que se apropian expresiones semiótico-discursivas que materializan sentimientos y racionalidades. Se relatan experiencias vitales y personales o generalizadas y colectivizadas, que se insertan estratégicamente en espacios públicos o privados, y se articulan con creencias y opiniones de orden religioso, político o cultural, así como formas de entender el ejercicio de poder. Desde el punto de vista del sujeto social narrador o representado en la narración, se elaboran opiniones sobre los diversos campos de la vida socio-cultural y política, creando el sentido de la experiencialidad individual que sirve a la propuesta de racionalización para convencer y orientar, justificando de esta manera la razón de ser social de lo expresado (Charaudeau, 2009).

La polifonía y la intertextualidad constituyen otro recurso en el diseño del storytelling. No solo se da la voz ocasionalmente a la víctima, con el propósito de crear sentido de que el medio genera espacios de participación colectiva, sino que formula “modelos visuales” para crear la percepción de documentalidad, en el que se construye el modelo testimonial y autobiográfico. La propuesta incluye el carácter de lo histórico relatado por los “otros” no institucionalizados:

(3)
El Gobierno y la guerrilla hoy le juegan a la paz será que ahora si es verdad que se acaban las rencillas quien manda desde la silla no sé cómo lo define y aunque el proceso camine y las Farc se desmovilicen aunque a ellos los penalicen, qué pasa con las bacrines.
“Si usted gusta, ahorita que estemos en otra parte se la digo toditita”.
(“El sur de Córdoba reescribe su historia”).

Las narrativas de testimonio son relatos, con frecuencia orales, en las que lo que se expresa se formula a sí mismo como un sujeto que crea sentido a partir de experiencias personales, y lo hace sobre el principio de que su experiencia vital es útil para su grupo social. Los testimonios en “Treinta encuentros con la paz” de ElTiempo.com (2017) aparecen en el centro de relatos autobiográficos, cuya narrativa se formula desde la tercera persona para dar cuenta de la experiencia y la percepción de alguien, “el otro”, que no necesariamente coincide con los intereses, valores y expectativas de vida del narrador:

(4)
Pasó nueve años guardando el secreto más doloroso que ha vivido. Casi una década escondiendo en lo más profundo de sus recuerdos esos momentos de terror que la obligaron a desplazarse desde la zona rural del municipio de Policarpa, en el norte de Nariño, hasta Pasto, Bogotá y finalmente Cali, donde ahora pasa los días reconstruyendo su destino.
(“Mónica, la desplazada que sana sus heridas ayudando a otras víctimas”).

El narrador manipula los diferentes puntos de vista y los discursos portadores de información, a partir de los cuales diseña y produce las maneras en las cuales se pueden captar los acontecimientos: el del narrador omnisciente como sabedor absoluto y con jerarquía epistémica, el del narrador testigo como sabedor experiencial y el del personaje, construido para dar cuenta de saberes más allá del sabedor o del experimentador. Esta instrumentación estratégica se realiza a menudo mediante la apropiación y puesta en circulación de diferentes tipos de discursos, a los cuales se les reconoce sintetizadores de información y que dan carácter documental a lo que se expresa.

La presencia de la interacción y el diálogo en las narrativas objeto de esta reflexión pone en evidencia los diferentes marcos que se entretejen en la narración y permite reconocer los roles que se otorgan en el acto de narrar (Goffman, 1981). Los marcos permiten, además, explicitar los diseños de interacción construidos en el proceso de producción de narrativas que, como el storytelling, involucran múltiples interlocutores, intérpretes y productores, cuya participación se activa especialmente en las narrativas digitales y mediáticas, en las que se configuran acciones de co-construcción, modificación- corrección, o crítica modificadora del sentido que, como observador social, producen los miembros de la comunidad. Goodwin (1986) señala que, en el proceso de interacción gestionado en las narrativas, es de gran importancia explicar cómo proceden las narrativas digitales en las que hay participación activa de quienes acceden a las tecnologías móviles o fijas, a los procesos de participación y a las negociaciones por la construcción de significado social.

La teoría del marco es un recurso que posibilita recuperar lo que se percibe en el discurso, e incluye la visualidad que se construye en el storytelling. Brantner, Lobinger, and Wetzstein (2011) señalan que el marco es esencialmente visual y se conceptualiza como el conjunto de selecciones y énfasis que se hacen relevantes en algunos aspectos de la realidad representada y percibida desde los sistemas sígnicos visuales. Los recursos semióticos marcados por grados de visualidad encarnan emocionalidad en el interlocutor que percibe e interpreta. Por lo tanto, las características de los sistemas de signos con sus cualidades y recursos, los convierten en herramientas de encuadre muy eficientes en el proceso de significar.

La observación de los storytelling del Especial de ElTiempo.com permite inferir marcos, a través de los cuales se integran lengua e imagen fija para construir el sentido institucional que se le atribuye a la población victimizada. Avanzando el proceso ilustrativo, el primer marco, crea la percepción de que la fuente de solidaridad está en el extranjero. En esta representación se mantiene el ideario de que la víctima se supera mediante los actos de paternalismo de terceros, eliminando la agencia y la obligación del Estado colombiano frente a la situación de las víctimas como sujetos de derecho. El segundo marco ilustra la representación del sufrimiento y el dolor, visibilizado mediáticamente como una puesta en escena en la que los observadores incluyen los actores del Estado que no garantizan infraestructura, vivienda, servicios públicos básicos (agua, alcantarillado, luz, etc.) o educación, entre otros servicios a los que tienen derecho los ciudadanos. El tercer marco procede de la eliminación de la víctima a través de cuantificadores o su minimización, lo cual es una forma de desconocer el valor humano y la dignidad de las personas. Finalmente, se generalizan las formas organizativas de las comunidades, para convertirlas en datos que no dan cuenta de la acción y capacidad de agencia de quienes han sido victimizados. El proceso ilustrativo (Tabla 1) que se sigue en este apartado permite establecer las bases que se desarrollan en el proceso analítico (ver apartado 5).

Tabla 1:

Marcos en el storytelling.

De manera informal, Emanuel ha vendido el grano a extranjeros que han visitado la zona. En su parcela tiene sembrados cafetos Variedad Colombia, arábicos y Castilla Rosario.

(“Campesinos de Risaralda luchan para dejar atrás la guerra”).
Esta imagen, que corresponde a la emergencia presentada en San José de Uré, fue tomada por uno de los integrantes del colectivo de comunicación, sumándose a las voces de auxilio de sus habitantes.

Además de don Álvaro, (…) hay alrededor de 200 sobrevivientes del conflicto armado en el sur de Córdoba (…).
(…) No solo fueron guerrilleros, más tarde los paramilitares se apoderaron de la región y, cuando la guerra estalló, el retumbar de los cueros fue reemplazado por el sonido de los disparos y el canto de la gaita poco a poco se fue callando.

(“San Jacinto, el pueblo que volvió a nacer”).
En Barrancabermeja nació hace 45 años la ONG más antigua de mujeres populares en Colombia: la Organización Femenina Popular. Un ejemplo de resistencia civil de los más reconocidos en el mundo, en un país donde seis de cada diez mujeres son agredidas. La marcha del ladrillo.

(“La historia tras la ONG de mujeres más antigua en Colombia”).
MARCO: 1

Voces y acciones

La perspectiva extranjera/local
MARCO: 2

Las emocionalidades

El sufrimiento humano no gestionado por el Estado
MARCO: 3

Agencialidad e identidad

Elisión o minimización de las victimas
MARCO: 4

Generalización y simplificación de conflicto

Mimetización de las violencias

Los marcos identificados permiten poner en relación, y explicitar, el rol de la convergencia de medios cuyo flujo de contenidos, a través de múltiples canales mediáticos y plataformas, cada vez más ineludibles, redimensionan los sentidos y los formatos en los que se instalan. En este proceso, se reelaboran ideas, conceptos y categorías, para dar paso a interrogantes éticos, la reformulación de los modos de distribución del poder simbólico y el cuestionamiento del papel de quien produce una unidad de sentido en los medios masivos, para establecer, desde la observación permanente, su relación con su comunidad y su cultura.

Los storytelling en tanto narrativas mediatizadas permiten ilustrar, además, las tensiones por los ejercicios de veracidad, las memorias, y las experiencias personales, que en el examen público legitiman o no, su valor social, estético, técnico, axiológico y epistémico. En este tipo de narrativas digitales se verifica el énfasis en la emocionalidad como recurso para visibilizar el mundo interior, de los seres victimizados en un conflicto armado con sus violencias asumidos por la representación de los narradores. Con esto, se propone problematizar el fenómeno mediante el uso de un dispositivo persuasivo, una realidad individualizada-colectivizada, real o imaginaria, que busca principalmente provocar una respuesta emocional, atendiendo otros intereses que no se correlacionan necesariamente con las expectativas de las víctimas.

(5)
Son mujeres vulnerables cabezas de hogar, que mantienen alrededor de cuatro y cinco personas. Que viven en hacinamiento en los barrios más deprimidos de Tumaco. Y aunque han pasado más de 20 años pelando camarón y trabajando en numerosas empresas, nunca fueron tenidas en cuenta en un proceso tan importante para ser socias de un negocio inclusivo.
(“Tumako Fish y las guerreras del camarón”).

Los marcadores emocionales se entienden en este documento como un conjunto de expresiones semántico-pragmáticas que orientan la toma de decisiones en un proceso comunicativo, guiado a través de emociones, de manera que se formula una relación que crea la capacidad para percibir y experimentar, a través de sentimientos y creencias, formas de adaptarse a la realidad social. La activación de las habilidades de percepción y experiencia emocional se anclan a la vida cotidiana y, por lo tanto, a la cultura, implicando las relaciones interpersonales y la búsqueda de solución a problemas de naturaleza social (Dunn, Dalgleish, y Lawrence, 2006). En esta perspectiva, Charadeau (2011, p. 22) señala que “una representación es “emocional” cuando describe una situación acerca de la cual un juicio de valor, compartido colectivamente y, por lo tanto, [es] instituido como norma social”. En este marco, una cultura puede considerar una determinada situación social como “conmovedora” o que requiere nuestra compasión. Como lo señala el autor, los grados de emocionalidad se vinculan culturalmente con los grados de relación emocional, que determinan formas de hacer social, ajustadas a normas, principios y valores.

En “Tumako Fish y las guerreras del camarón” se ejemplifica el uso mediático de marcadores emocionales en relación con la organización empresarial en una de las zonas más deprimidas y abandonadas por el Estado en Colombia. La tensión por la veracidad y la evidencialidad expresa el interés por la legitimidad de las memorias, que gestiona la necesidad de diálogos y voces en interacción. En la propuesta ilustrativa, el narrador elimina la agencialidad de las mujeres victimizadas, las precariza y las ubica espacio temporalmente, para representarlas como sujetos incapaces de asumir el reto que impone el sistema de mercado para ser exitosas, definiendo el rol en ser “socias”, o en términos neoliberales, constituirse en empresarias.

Las expresiones emocionales son parte de los valores culturales en la idiosincrasia latinoamericana y, en especial, en la colombiana.

En la cotidianidad, en el orden de lo verbal gráfico, los discursos incluyen expresiones verbales, modales o marcadores de evaluación; en el orden de lo visual-gráfico, involucran color, formas, imágenes y figuras; la corporalidad también expresa emociones a través de marcadores kinésicos y proxémicos entre los interlocutores. En la perspectiva más contemporánea, los discursos portadores de marcadores emocionales construyen y expresan propósitos comunicativos, esto es, crean sentido y tienen un valor pragmático, a través del cual se movilizan emocionalidades que contribuyen a orientar actitudes, valores y opiniones sobre una realidad sociocultural concreta. Desde este punto de vista, cada grupo humano, cada comunidad, apropia, formula y usa reglas culturalmente condicionadas e históricamente determinadas para la manifestación discursiva de las emocionalidades, soportadas siempre en múltiples recursos sígnicos que se visualizan e interpretan contextualmente. En la Tabla 2 se ilustra el uso de marcadores kinésicos, esto es, todos aquellos marcadores que son susceptibles de ser leídos en el cuerpo; visual-verbales (como cuando se narra en una lengua, a través de la grafía); y visual-gráficos, que son aquellos recursos que se apropian para establecer cómo se construye una imagen fija (formas, color, vectores y ángulos).

Tabla 2:

Marcadores emocionales kinésicos, visual-gráficos.



Helen Ramos, Esmeralda Issa, Cristina Gutiérrez, Luis Carlos Páez Peña y María Zabala. Foto: El Espectador
Así, ellos y ellas me cuentan sus vivencias, me hablan desde las profundidades del dolor y desde la grandeza de su alma, desde su don de perseverancia, desde la fragilidad, desde la fuerza, desde los sueños … Yo solo soy la armadora, la que ubica las palabras, la que busca los sinónimos, la que se da a la tarea de entender, pero que respeta absolutamente al dueño o dueña de la historia. El Tiempo (26 de mayo de 2017). “Apuesta poética contra el dolor”

Para efectos de la comprensión teórica, se ilustra el uso mediático de las emociones en el storytelling “Apuesta poética contra el dolor”, que como se ha señalado, se entienden como un estado o proceso mental que pone en relación, en primer lugar, valores o axiologías culturales: “ellos y ellas me cuentan sus vivencias, me hablan desde las profundidades del dolor y desde la grandeza de su alma, desde su don de perseverancia, desde la fragilidad, desde la fuerza, desde los sueños”; en segundo lugar, temporalidades y espacialidades: “El Gobierno y la guerrilla hoy le juegan a la paz-será que ahora si es verdad que se acaban las rencillas -quien manda desde la silla no sé cómo lo define y aunque el proceso camine y las Farc se desmovilicen aunque a ellos los penalicen, qué pasa con las bacrines”; y, en tercer lugar, grados de intensidad, que en todos los casos, se representan discursivamente, apropiando los recursos semióticos disponibles. “Pasó nueve años guardando el secreto más doloroso que ha vivido. Casi una década escondiendo en lo más profundo de sus recuerdos esos momentos de terror que la obligaron a desplazarse desde la zona rural del municipio de Policarpa”. Como todo fenómeno de lenguaje y comunicación los marcadores de emocionalidad portan saberes que dan cuenta de las formas como los seres humanos asumen procesos evaluativos en torno a su realidad natural y sociocultural (Schwarz-Friesel, 2015).

El testimonio, apropiado del modo en que lo proponen los storytelling, deja de constituirse en una herramienta para la búsqueda de perdón, reparación y verdad colectiva, lo esperable después de la firma del Acuerdo de Paz (2016), para convertirse en expresiones fragmentarias que, a través de los recursos y estrategias ilustrados, diluyen la formulación de una identidad y una axiología común que oriente el potencial transformador del estado de cosas en el país, siendo contrario a uno de los propósitos de la memoria colectiva que consiste en mantener la cohesión interna de los grupos sociales (Pollak, 2006). Existe por parte del medio de comunicación una pretensión de visibilizar memorias subterráneas, pero no a partir de un interés contrahegemónico, sino de reproducción de discursos oficiales, como la inadecuación de las víctimas a las situaciones sociales o la necesidad de generación de acciones individuales que permitan una transformación socioeconómica a gran escala.

Sobre esto último, es visible en los storytelling el interés por enmarcar los discursos de los actores representados dentro de un imaginario social y económico, donde los esfuerzos y el manejo de los asuntos privados e internos es la solución para alcanzar un escenario colectivo ideal. La consecuencia es la consolidación de una representación que establece el emprendimiento como mecanismo de participación ciudadana. La sociedad deja de ser el núcleo efectivo de transformación social para ser el espacio donde se refleja el impacto de las distintas gestiones del capital social que llevan a cabo las pequeñas colectividades. El capital social, a su vez, deja de estar constituido por elementos fundamentales para la construcción del tejido social como la fraternidad y la colaboración, y pasa a ser caracterizado por ser todo aquel conjunto de relaciones y conexiones que permitan un mayor ‘valor económico’ agregado a los productos y servicios culturales, nuevo elemento de medida del bienestar comunitario.

En el análisis (apartado 5) se busca mostrar la manera como la visión del discurso del emprendimiento se conecta con los preceptos neoliberales de los que se origina, para crear la necesidad de un compromiso deóntico de los ciudadanos y de las víctimas para la superación de los conflictos y de los traumas, a través del reforzamiento de acciones ligadas al ámbito económico y de mercado, o que generen cualquier tipo de reificación que sea oportuno para las demandas sociales impulsadas por las élites. Como muestra Puello-Socarrás (2018, p. 73), las experiencias de emprendimiento en el mundo han mostrado que esta forma de desarrollo político-económica, más que suponer una ruptura con el modelo de dominación y de explotación ciudadana, genera “mayor subordinación y dependencia del capital financiero” y también “exacerba los procesos de mercantilización en todas las dimensiones y esferas de la vida humana, individual y colectiva (…)”.

3 Abordaje desde los Estudios Críticos del Discurso Multimodal y Multimedial

Los estudios del discurso en perspectiva crítica, multimodal y multimedial, cuyos desarrollos más recientes se han anclado a la comunicación digital, han permitido verificar principios fundamentales para el estudio del lenguaje, en todas sus expresiones, para explicar las convergencias y tejidos que implican construir significado. En primer lugar, se reconoce que el proceso de construcción de significados y sentidos se materializa en discursos. En segundo lugar, los discursos son dispositivos de acción social que se diseñan, producen y distribuyen (Kress y van Leeuwen, 2001) para ser interpretados desde la materialidad de sistemas sígnicos diversos, que se entretejen y, que en los contextos actuales, circulan y se apropian de uno o más soportes tecnológicos. En este sentido, los discursos son intrínsecamente multimodales y multimediales (Pardo Abril, 2017).

En tercer lugar, estudiar la discursividad contemporánea involucra recuperar empíricamente los usos auténticos y las apropiaciones múltiples que hace el ser humano para formular explicaciones que articulan todas las dimensiones y que se actualizan en los procesos de creación, producción e interpretación de significado. En cuarto lugar, el análisis de los discursos permite verificar el conjunto de recursos y estrategias que se derivan de poner en relación significado e intereses de quienes interactúan, con el propósito de orientar formas del hacer social. En quinto lugar, el carácter crítico y la naturaleza multisígnica y mediatizada del discurso dan cuenta de la importancia que tiene, en el proceso de producción e interpretación, poner en el horizonte las determinaciones socioculturales y político-económicas que se instalan en condicionamientos socio-históricos determinados. Esto permite la formulación de los sentidos y la recuperación de las ideologías, así como las diversas formas de representación que se encarnan en los discursos.

La complejidad del objeto de análisis se ancla a la coyuntura sociohistórica y política en la cual, en Colombia, se requiere construir las condiciones para gestionar una paz duradera en el marco del postacuerdo (2016). Para esto, los distintos sectores sociales han iniciado acciones de orden socio-jurídico, económico, cultural, educativo, entre otros, tendientes a construir memorias que visibilicen a las víctimas y, al tiempo, se escuchen las voces de los diversos tipos de perpetradores responsables de las violaciones a los derechos humanos durante el periodo del conflicto armado colombiano. En este caso, hay necesidad de reconstruir memorias en el marco del posconflicto en Colombia con el propósito de repensar formas para la construcción de paz. Es, por lo tanto, una aproximación analítica que aspira a interrelacionar procesos semiótico-discursivos con fenómenos sociocognitivos y mediáticos (Pardo Abril, 2017).

En este documento la posición epistémica y el método cohesionan los Estudios Críticos del Discurso Multimodal y Multimedial (ECDMM) anclado a paradigmas cualitativos, con herramientas estadístico-textuales de carácter cuantitativo-cualitativo que se formulan desde la minería de datos. En el desarrollo, se asumen los aportes y reflexiones previas de Pardo Abril (2017). El universo de la investigación son treinta narrativas mediáticas, Storytelling socializadas mediáticamente en el Especial del ElTiempo.com (2017) “Treinta encuentros con la paz”. La muestra objeto de análisis está constituida por siete narrativas que se caracterizan desde el medio de comunicación como Storytelling, proponiendo el sentido del testimonio de las víctimas del conflicto armado, que desarrollan procesos de transformación de sus condiciones socioeconómicas, a partir del esfuerzo individual y en la lógica mercantil.

Como se señaló en el apartado teórico, el carácter híbrido de estas expresiones narrativas se considera un fenómeno discursivo transversal a las expresiones narrativas, donde pueden articularse representaciones ficcionales y referenciales que se correlacionan con el contexto socio-histórico que es representado. Se trata de expresiones discursivas atravesadas por factores histórico-culturales que actualizan distintos periodos del conflicto armado colombiano, delimitados oficialmente a los últimos sesenta años, sobre los cuales se propone mediatizar de forma eficiente la “transmisión de información” y conocimiento sobre las violencias en el país y las formas de superarlas. En ese documento, se entiende que las narrativas, objeto de esta reflexión, no son en sí mismas testimonios, en el sentido de que se puedan definir en términos de un género narrativo; carecen de rasgos estéticos propios, tienen como eje la voz de un narrador omnisciente o “sabedor” y, aunque son narrativas institucionalizadas, carecen de articulación con los procesos de construcción de memoria oficial. La ausencia de la centralidad de la voz de la primera persona constituye una de las razones por las cuales se entiende que no se trata de un discurso testimonial o autobiográfico, sin embargo, el Especial de ElTiempo.com formula la presencia de la voz de la víctima como testimonio.

El procedimiento analítico se asume en tres fases en permanente interacción: descripción, análisis e interpretación. En la primera fase, se establece el propósito de la investigación, que se define en términos del proyecto internacional SPEME - Questioning Traumatic Heritage: Spaces of Memory in Europe, Argentina, Colombia. El objetivo de este proyecto es la indagación por la herencia actual de los pasados traumáticos en Europa y América Latina, para formular creativamente la preservación, transformación y socialización de los procesos de memorialización en diferentes espacios. Dentro de los lineamientos de SPEME esta indagación se formula en torno a las representaciones mediáticas de los espacios de las memorias, para evidenciar cómo se construyen mediáticamente los saberes sobre los procesos de reconstrucción de tejido social, las formas y tipos de superación de la victimización y, en general, la propuesta para la construcción de una paz duradera en Colombia.

En esta primera fase, el procedimiento descriptivo del corpus implica el reconocimiento del tejido semiótico del cual surgen las expresiones discursivas mediatizadas por el periódico ElTiempo.com, para determinar, en alguna medida, la capacidad del soporte tecnológico y del medio para influir en la producción de significado sobre las memorias que se actualizan y proyectan cuando se perfila la construcción de paz, mediada por la condición de superar los condicionantes de victimización. En este orden de ideas, se elaboró la correlación entre las categorías y los principios teóricos que orientan este trabajo, y se describieron algunas de las características y relaciones que se instalan en el conjunto de sistemas de signos, -lengua, imagen fija y color y música- empíricamente rastreables en los storytelling, lo cual resulta fundamental para perfilar la red de relaciones de sentido que se elaboran en el proceso de su comprensión, análisis e interpretación, anclados a los eventos evocados y a la formulación del bienestar actual en construcción, con su perfil para la vida futura.

La segunda fase deviene de la formalización del corpus, de la identificación y de la recuperación de categorías en el material objeto de indagación a fin de iniciar el proceso analítico reconociendo las relaciones categoriales y de formular el sistema de inferencias. En esta fase, se explora el carácter semiótico-discursivo y se identifican, desde las categorías, los recursos y estrategias, expresadas a través de los diversos recursos semióticos y tecnológicos. Siguiendo los procedimientos en Pardo Abril (2017), se hace el tratamiento formal de los storytelling, mediante la aplicación de procedimientos de carácter cuantitativo con la aplicación de dos paquetes informáticos: T-Lab Plus y Nvivo 12, recursos que son útiles para el tratamiento de datos multimodales. La primera parte del análisis se orienta a identificar coocurrencias, índices de asociación, comparaciones, análisis de co-palabras, análisis de secuencias y concordancias. Las operaciones implicadas para la descripción del material semiótico se iniciaron con el aprovechamiento de conceptos en relación semántico-pragmática -coocurrencias- para identificar temas emergentes y asociaciones semánticas.

Por una parte, las unidades temáticas quedan descritas a través de usos léxicos característicos, es decir, a través de un conjunto de unidades clave de alta frecuencia de aparición y que se correlacionan conceptualmente. Por otra parte, las asociaciones semánticas establecen conexiones entre unidades léxicas cuya característica de aparición es su cercanía cotextual, la cual se ve reflejada cuantitativamente en el mapa. La cuantificación se establece teniendo un núcleo -unidad clave- ubicada en cero, lo cual permite jerarquizar las unidades en términos de afinidad conceptual y de uso, cuyo valor o peso semántico es más cercano, si se correlacionan con cero y, tienen menor valor semántico si tienden a uno. De esta manera, se obtienen variables útiles para aplicar el proceso inferencial y el análisis.

En una segunda parte, se identifican categorías como temporalidades, distribución jerárquica, tematización, zonas de color, sombras y luz, secuencias tonales, segmentación audiovisual y las categorías que son propias de cada sistema semiótico involucrado. La aplicación de estos paquetes informáticos permite realizar análisis comparativos de los diferentes subconjuntos y categorías del corpus. Así, se pueden identificar y analizar especificidades, correspondencias múltiples, clústeres e identificar recursos semióticos significativos. Los insumos previos constituyen la fuente para dar paso al desarrollo de la tercera fase en la cual se formula la relación entre las diversas estructuras semiótico-discursivas, para identificar usos sociales estratégicos, explicitar los intereses que expresa y distribuye el discurso, las correlaciones de poder que se proponen y estabilizan, la práctica discursiva-estructurada, en este caso, como un tipo de narración mediática, y lo que desde el soporte tecnológico se propone como ámbito orientador de la acción social.

En esta fase se establecen los determinantes sociales, situacionales e institucionales, y se determina su potencial incidencia en las acciones individuales y colectivas de quienes son víctimas, los procesos sociales y sus formas de apropiarlos y los procesos políticos. La identificación de las estrategias y subestrategias de producción discursiva, alrededor de la experiencia de modelos de superación a ser asumidos por las víctimas, permiten verificar y hacer explícitas las formas de abordar los saberes individuales y colectivos en torno a la realidad social. El corpus constituye un referente de orientación analítico con el cual es posible identificar estrategias, recursos semióticos, formas de fusión, atenuación, disrupción, fragmentación e imitación para la elaboración de representaciones.

4 Aquí no ha pasado nada: el futuro es el mercado y el éxito individual

4.1 El storytelling del postacuerdo: topicalización y tematización

El storytelling, como todo hecho narrativo, propone una estructura temática que lo organiza y jerarquiza. El reconocimiento de las unidades temáticas en el discurso contribuye a verificar las formas en que se propone el proceso interpretativo al interpretante. El comportamiento semántico-pragmático del tema, por una parte, da continuidad semántica a los recursos semiótico-discursivos implicados en el tejido sígnico y permite cotejar el punto nuclear que da cuenta de cómo la información propuesta contribuye a construir formas de representación de la realidad donde, en el proceso interpretativo, el interlocutor recupera cuál es la información que se presupone conocida colectivamente -tema- y cuál es la propuesta conceptual novedosa -rema-. De esta manera, aparece una relación progresiva para configurar lo que se expresa. Desde el punto de vista funcional el tema y el rema son marcadores orientacionales del discurso y construyen el marco interpretativo. Así, la tematización y las unidades nucleares del tema, los tópicos, muestran las relaciones representacionales que se involucran.

Siguiendo los planteamientos de Asher (2014), las relaciones discursivas pueden restringir las opciones de tematización que porta la narración modificando las condiciones de interpretación posibles. Las relaciones que van de la configuración de la explicación al resultado son conexiones de orden causal y hacen posible que se puedan segmentar los hechos narrados. La relación de elaboración posibilita la descripción de un elemento dentro de otro y puede ponerse al servicio de la argumentación, a través de lo cual se garantiza la continuidad del proceso de tematización. Las relaciones de paralelo y contraste generan sentido de continuidad, contribuyendo a garantizar factores de coherencia y, la formulación de preguntas directas o indirectas que sirven al propósito de mantener las relaciones semánticas.

La emergencia temática en los storytelling, objeto de esta indagación usando T-LAB Plus (2018), permitió establecer algunos elementos topicalizados y sus relaciones con marcadores que contribuyen a establecer las relaciones discursivas a través de las cuales se tematizan los storytelling. Este proceso deriva de la identificación de unidades conceptuales clave que se reiteran en el discurso, y que, al ser clasificadas, a través de sus contextos, permiten formular categorías de análisis. En primer lugar, se construye la relación de causalidad a través de la unidad conceptual “Conflicto”, la cual se ubica y contextualiza en “Colombia” implicando a “víctimas”. El fenómeno de relación causal se extiende temáticamente a “dolor”, “amenazas” y “desplazamiento”. En este marco la tematización sirve al propósito de construir la representación de que la sociedad colombiana sufrió con el conflicto armado reveses económicos, donde se ralentizó el desarrollo del sistema productivo. La alternativa que se propone es el fortalecimiento de todas las acciones que conduzcan a garantizar formas de producción y acumulación de capitales, centrados en el esfuerzo que se requiere para participar en el mercado global.

En segundo lugar, se tematizan los actores a partir de la relación semántico-pragmática de la adversatividad, a través de la cual se formulan valoraciones por oposición. En la base de esta relación está el contraste en el que se implica, además, la concesividad. La tematización en torno a la categoría actores, se formula a través de la relación de contraste cuyo punto de referencia es “FARC”, concepto que se amplifica a través de “guerrillas” en tanto que “grupos armados” mimetiza tres tipos de actores: las guerrillas, los paramilitares y las fuerzas del Estado. “País”, “pueblo” y “comunidad” configuran el actor colectivo cuya ubicación contextual los define en términos de Nación (Ver Imagen 1).

Imagen 1: Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Conflicto”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 1:

Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Conflicto”. Extraído T-Lab Plus (2018).

En tercer lugar, el concepto “Internacional” establece relación de finalidad con “universidad” y “escuela” como centros de garantía de socialización de conocimiento y garante del concepto de “trabajo”, de suerte que las instituciones socializadoras se ponen al servicio de la actividad productiva, que se articula al proceso de “desarrollo” y correlacionado con “tierra”. En el proceso de asociación que da cuenta de la tematización, se establece una relación de exclusión y de verticalidad decisional que procede de “internacional” como condición para alcanzar “desarrollo” (Ver Imagen 2).

Imagen 2: Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “FARC”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 2:

Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “FARC”. Extraído T-Lab Plus (2018).

En cuarto lugar, la tematización de “mujeres” se asocia fundamentalmente con “violencia”, “posconflicto” y “organización” a través de la relación de elaboración, la cual permite describir, en el marco contextual en que se ubica el fenómeno, el hecho de que al 2019 el informe de la Unidad de Víctimas señale la victimización de 4.495.222 millones de mujeres violentadas a través de delitos contra la libertad y la integridad sexual, amenaza y desplazamiento forzado mayoritariamente (Ver Imagen 3).

Imagen 3: Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Internacional”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 3:

Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Internacional”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Siguiendo los planteamientos de Bello, Giraldo y Cancimance (2009), son justamente las mujeres quienes han desarrollado procesos organizativos conducentes a la reconstrucción de sus proyectos de vida; en la perspectiva de los autores, las mujeres pretenden alcanzar un desarrollo integral como seres humanos pese a los resquebrajamientos que produce el sistema sobre las organizaciones sociales en general, y de mujeres en particular, a quienes permanentemente se daña truncando expectativas de futuro digno. Dentro de este marco, donde el Estado no ha asumido la reparación, la verdad y la justicia como fuente fundamental para garantizar la no-repetición de las violencias, fundamentalmente contra las mujeres, ha conducido a que sean las mujeres-víctimas quienes gestionan procesos de reivindicación social, política, económica y cultural. Sin embargo, las formas organizativas en Colombia, cada vez con más persistencia, se constituyen en obstáculo para la ejecución de las políticas gubernamentales, por lo que se intenta proponer que la acción individual está más acogida por el Estado en virtud de que la organización social se constituye en una amenaza para este y, en términos económicos y políticos, la individualidad se instala como condición de éxito (Ver Imagen 4).

Imagen 4: Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Mujeres”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 4:

Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Mujeres”. Extraído T-Lab Plus (2018).

En relación de dependencia, los storytelling tematizan “paz” suprimiendo el conflicto y las violencias propias de los últimos 60 años en el país, que continúan vigentes. Se desconoce, por lo tanto, que la relación que va de la visibilización de los conflictos, las causas y razones que los determinan, a las maneras como son posibles insertarlos en el conjunto de acciones plausibles para el logro de una convivencia con dignidad, gestionan maneras de alcanzar formas de coexistencia, que en alguna medida tipifican “paz”. La triada conceptual “paz”, “reconciliación” y “memoria” se actualiza en los storytelling en virtud de los condicionamientos histórico-políticos propios de Colombia, donde están fuertemente arraigadas las condiciones judeo-cristianas que hacen posible mantener el concepto de reconciliación que no logra alcanzar la dimensión política que se requeriría para que, desde una visión histórica y cultural se vinculen idearios que gestionen el reconocimiento de las otredades y contribuyan a generar relaciones que hagan posible pactar, reparar y superar daños en todos los ámbitos de la vida sociopolítica. En el centro de este fenómeno se inserta el concepto de “reparación” que atiende los derechos integrales de las víctimas. La propuesta narrativa, en este sentido, no contribuye a garantizar la no repetición de las violencias del conflicto, en tanto el horizonte de “reconciliación” está anclado a creencias, y la “reparación” desaparece.

Lo que se infiere es que los storytelling, como expresión de narrativas mediáticas, pueden variar en consonancia con los condicionamientos sociohistóricos, pero su función socializadora y de distribución de formas de entender los problemas sociales, es un elemento nuclear especialmente cuando su difusión alcanza grados de éxito, haciendo que el discurso pueda llegar a ser viral por su carácter mediático. Esta condición no explica per se las razones o principios que rigen el fenómeno comunicativo, pero sí da cuenta de las maneras como se representa una realidad narrativizada que se difunde y, con esto su axiología y perspectiva. Al tematizar de una determinada manera, las narrativas se transforman y circulan por la cultura, generando cambios en las comunidades con sus implicaciones y determinaciones. Todas las narrativas pueden formularse desde grados diversos de veracidad y verosimilitud, si se reconoce que es la forma primaria de comprensión e interpretación humana y, por lo tanto, gestiona una tendencia a su apropiación colectiva. Este hecho, se amplifica con el uso de las tecnologías digitales, por donde circulan, sin límite predecible, narrativas fácticas y no fácticas con sus mutaciones y transformaciones (Ver Imagen 5).

Imagen 5: Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Paz”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 5:

Comportamiento estadístico-textual del tema emergente “Paz”. Extraído T-Lab Plus (2018).

La tematización en los storytelling, objeto de este análisis, permite cuestionar si la organización conceptual se formula desde narrativas en cuyo núcleo hay falsas ideas, carecen de principios de sinceridad o se construyen sobre la estrategia de manipulación, como si se tratara de un objeto que se inserta en el mercado para obtener ganancias económicas e ideológicas. En el ámbito económico significa vender más y mejor el producto del medio de comunicación, y en el ámbito ideológico, gestionar formas de mantener el statu quo, al servicio de elites sociopolíticas y económicas, cuyos idearios y principios garantizan la acumulación de los recursos simbólicos y materiales. Los storytelling son más que relatos con valor de entretenimiento, al tematizar y topicalizar conceptos que son fundamentales para construir o consolidar saber individual y colectivo: son fuente de emocionalidades y motivación humana, y trazan rutas de acción social.

La identificación de los procesos de tematización se amplifica, al verificar que, en los storytelling, los marcadores semántico-pragmáticos están centrados en el ámbito económico y en especial al concepto de “empresa”. Con T-Lab Plus, se establece el proceso de asociaciones semánticas relacionadas con “mercado” y acciones afines: entre “empresa” y locativos nacionales como “país” e internacionales como “Usaid”; y entre “mujeres” y “trabajo-trabajar”.

Las asociaciones de “proyecto” establecen una relación semántica con “mujeres”, “política” y “salud”. En este marco, las acciones afines al concepto de “mercado” se relacionan con “producción” y “venta” productos agrícolas: “cacao- café”. Tematizar el ámbito económico implica formular los actores-víctimas como “emprendedores-empresarios” atribuyéndoles posiciones centradas en el cliente-extranjero-nacional, para lo cual se implementan estrategias creativas. En esta línea, la víctima-emprendedor persigue un crecimiento, a partir de capitales de familiares, amigos, vecinos, inversores extranjeros, financiación por acción colectiva y la riqueza que procede del esfuerzo personal, por lo que se definen emprendedores que crean los tipos de empresas de crecimiento lento, que requieren de manera sistemática y permanente atraer a inversores que ayuden al crecimiento sostenido (Ver Imagen 6).

Imagen 6: Comportamiento estadístico-textual para las asociaciones semánticas del concepto “Empresa”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 6:

Comportamiento estadístico-textual para las asociaciones semánticas del concepto “Empresa”. Extraído T-Lab Plus (2018).

El concepto “organización” se asocia con “construir-construcción”, “empresa” y “proyecto”. Siguiendo los planteamientos de Moya y Santana (2016), en el marco de una sociedad eminentemente agrícola como la colombiana, se propone un tipo de emprendimiento en el que el propósito es “proveer mercados locales” puestos al servicio de grandes multinacionales, que apropian materias primas en el sentido tradicional que se ha hecho en el país desde el siglo XVI. Los negocios agrícolas colombianos están diseñados con “ventajas competitivas limitadas”. En la base del procedimiento mercantil propuesto, los procesos de innovación son restringidos o no existen, se proyectan en el plano local como una unidad de servicios que recibe, en perspectiva paternalista, escasos recursos del capital externo (See' with Imagen 7).

(6)
[…] En este mismo informe también se habla de exportaciones. Para el año que pasó, sumaron 10.572 toneladas que fueron a países como España, Bélgica y México. Mientras tanto, las importaciones han disminuido, lo cual se explica “en una mayor producción nacional y en el interés de la industria por adquirir el producto colombiano”. […]
(“¿A qué sabe la paz?”).

Imagen 7: Comportamiento estadístico-textual para las asociaciones semánticas del concepto “Proyecto”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 7:

Comportamiento estadístico-textual para las asociaciones semánticas del concepto “Proyecto”. Extraído T-Lab Plus (2018).

La construcción identitaria de la víctima-emprendedor se ancla a las competencias individuales del sujeto que se representa y se relaciona con los principios de competitividad y éxito, de esta manera, cada uno de los individuos representados en los storytelling, tienen una forma de autopercepción, se reconocen en su rol de víctima y dan cuenta de su capacidad de acción para insertarse en el proceso productivo. Se trata en este caso de hacer un trabajo específico, articulado fundamentalmente a la agricultura, sobre la base de expectativas de futuro positivas en el campo económico. Motivacionalmente, el emprendedor-víctima enfrenta el conjunto de razones que lo someten a asumir un tipo de acción en busca de la supervivencia, anclada en su propio esfuerzo y en clara ausencia del Estado. La motivación, por lo tanto, gestiona una serie de actividades cuyo propósito es superar las condiciones socioeconómicas y culturales que le han impuesto el conflicto armado. Desde el punto de vista de las oportunidades y el logro del éxito, el emprendedor-víctima produce materia prima; eventualmente se articula a procesos organizativos; y, la oportunidad se reduce a formar parte del nivel más básico del proceso productivo. Esta manera de construir la identidad del emprendedor pone en evidencia la carencia de políticas sociales del Estado, particularmente, cuando se trata de reparar las víctimas.

La relación semántico-pragmática de la conceptualización de “mujeres” anclada a su condición de trabajadora-trabajo, e implícitamente a su condición de actor-víctima, se tematiza en términos de su identidad vinculada y transformada por el desplazamiento forzado. Esta modalidad de violencia sociopolítica da cuenta de su condición de sujeto a quien se niega sistemáticamente sus derechos. Los storytelling formulan la actividad de la mujer como un sujeto que tramita el dolor, comparte experiencias y crea proyectos solidarios con otras víctimas, en este caso, en el campo de la producción simbólica y, particularmente, artística. Estos condicionamientos permiten inferir que la mujer estructura relaciones de pertenencia social que motivan proyectos de creación. Desde este punto de vista, el papel de la mujer se inserta en el compromiso de la víctima cuya agencialidad se dirige a la reconstrucción del tejido social. Siguiendo a Uprimny y Saffon (2006), el tejido social está constituido por el conjunto de expresiones y relaciones de orden simbólico articuladas a expresiones de orden sociopolítico y cultural donde la lucha se dirige a la formulación de un Estado con justicia social, reparación y la formulación de las condiciones para la convivencia social y la no repetición de los actos de violencia. Es en el tejido social y la formulación de sus relaciones socio-comunicativas e interactivas, donde se hace posible los encuentros de expectativas, emocionalidades, aspiraciones y la formulación de proyectos de futuro construidos en los lazos que se establecen en la cotidianidad de los sujetos victimizados.

(7)
[…] Su nombre es Elena Hinestroza Venté. Pero también podríamos decirle Elena, la cantadora de la paz, porque toda ella, desde su sonrisa hasta su indumentaria, es una expresión auténtica de lo que es vivir en paz. Porque la música recorre su existencia, desde tiempos primeros, en los que cantaba a orillas del Timbiquí o en los actos de su escuela o en la casa de su mamá adoptiva, para espantar alguna pilatuna y alivianar el castigo. Porque adonde quiera que vaya lleva su música, no importa cuántas tempestades se atraviesen a su paso, cuántos desplazamientos sufra o cuántas amenazas le propinen. Ella es música, es reconciliación y sobre todas las cosas, Elena es paz. […]
(“Elena Hinestroza Venté, Cantadora de la Paz”).

En otra perspectiva, la tematización de “mujeres” se asocia semánticamente con dos conceptos claves del ámbito socioeconómico “proyecto” y “organización”. Belloet al. (2009) señalan que la organización para el caso de las mujeres víctima del conflicto armado en Colombia, se ha constituido en un espacio “para la reconstrucción de proyectos de vida”. Esto significa que la agencialidad de la mujer se representa en términos de su potencialidad para asumir decisiones y generar las acciones requeridas para garantizar transformación social, no solo en el orden de lo individual sino, además, colectivo.

(8)
[…] Con las víctimas de desplazamiento forzado armábamos tertulias con cinco y a veces hasta con 10 participantes. Ellos se organizaban y me invitaban a que escuchara sus narraciones, y construíamos un primer borrador con la secuencia de las historias; yo les explicaba paso a paso lo que iba registrando en mis notas, puesto que la mayoría de las personas que participaban nunca habían ido a la escuela y no sabían leer ni escribir. Ver que su historia estaba siendo plasmada en un texto que no obedecía a un trámite administrativo o judicial, sino que buscaba hacer memoria y ante todo utilizar esa memoria como instrumento de sanación, les causaba una grata emoción. Ellas elegían entre el verso y la prosa y las distintas formas de rima, casi siempre preferían verso y rima. Hacíamos juegos de palabras, las palabras con mayores significados para cada historia. […]
(“Apuesta poética contra el dolor”).

El “proyecto” es conceptualizado como el conjunto de acciones que permiten contextualizar un estado de cosas para resignificarlos y ponerlo al servicio de una organización, a través de la cual se tramitan los nuevos significados que permiten el tránsito de las memorias individuales y colectivas desde la resemantización del pasado para ubicarlo contextualmente en un presente y, elaborar formas de acción futura. Desde este punto de vista, se reconfiguran las identidades en la medida en que la agencialidad se propone visible y se proyecta, a través de sus resistencias, a la construcción de un futuro más justo y digno. Los storytelling permiten inferir la naturalización del hecho de que el Estado no asume acciones sociopolíticas fundamentales como la reparación, la garantía de justicia y el diseño de políticas que posibiliten la no repetición de las violencias, al promover la representación de las víctimas como agentes reparadores de su propia condición, reiterando el principio neoliberal de la autogestión y la individualización como condición indispensable para alcanzar expectativas de vida (Ver Imagen 8).

Imagen 8: Comportamiento estadístico-textual para las asociaciones semánticas del concepto “Mujeres”. Extraído T-Lab Plus (2018).

Imagen 8:

Comportamiento estadístico-textual para las asociaciones semánticas del concepto “Mujeres”. Extraído T-Lab Plus (2018).

4.2 Construyendo una representación del postacuerdo: los actores representados

El análisis de las narraciones digitales formulado desde los ECDMM, construidas como storytelling, implica asumir epistémicamente la necesidad de reconstruir la génesis de los problemas sociales, lo que significa, siguiendo los planteamientos de Bourdieu (1994), que la actualización del pasado y todas las elisiones o “posibles supresiones” constituyen fuente para la formulación de rutas múltiples de interpretación donde se conecta el pasado, el presente y el futuro. En este sentido, la explicitación de las formas de exclusión, marginalización, dominación y desigualdad no son procesos unidireccionales. Se expresan en los colectivos sociales, como formas de coerción negociadas donde la principal tensión es por la verdad y sus sentidos (Bourdieu, 1998). Se debate, por lo tanto, en torno al significado y la estructura de la dominación, las formas de discriminación y exclusión, identificando la epistemología de la subordinación y los mecanismos de control social.

Se pretende identificar explícitamente, las representaciones que formulan alteraciones determinadas discursivamente en recursos y estrategias simbólicas gestionando tabús, estereotipos y, en general, destruyendo las lógicas humanizantes del buen vivir en una sociedad (Bourdieu, 1997). La construcción de los recuerdos y las historias locales se hace prioritariamente polifónica, diversa y con frecuencia en contravía de la historia oficial y legitimada. La polifonía es una dinámica dialógica basada en la selección o en la exclusión que construye el interlocutor otorgando en su proceso de creación centros de perspectivas o puntos de vista, a los que se integran significados de quienes participan en el proceso de interpretación, imprimiendo carácter dialógico, adoptando o eliminando puntos de vista que se elaboran y formulan como significado (Donaire, 2008).

La construcción de las relaciones entre los actores discursivos, o quienes se expresan, se propone en los storytelling, para visibilizar, por una parte, las relaciones jerárquicas, que proceden del decir, el saber o la capacidad de agencia representada y por otra parte, los actores representados o de quienes se expresa algo, esto es, a quien el productor discursivo atribuye, roles o acciones, con lo cual se definen tipos de relaciones para los actores:

(9)
Angie Yulieth y Emanuel solo tenían 2 y 5 años de edad cuando llegaron hace 12 años a la vereda El Porvenir, del corregimiento de San Clemente, en Guática (Risaralda). Sus padres salieron huyendo de Puerto Rico (Caquetá), donde tuvieron que dejar abandonadas sus pertenencias al ver que sus vidas peligraban en medio de la guerra.[…] Angie Yulieth, quien narra entre sonrisas la triste experiencia que vivió cuando sus padres apenas levantaban un rancho de zinc y plásticos donde hoy está la humilde casa que habitan, se muestra orgullosa de ser la inventora del nombre ‘Las Delicias’ para el café que procesan en la pequeña parcela […] Don Emanuel Franco, de 57 años, es un hombre enérgico y amable que piensa incluso más allá del bienestar de su familia; está convencido que al lado de los seis vecinos de la parcela, también desplazados y que llegaron en el 2006 a esos terrenos entregados por el Incoder, pueden posicionar un café especial por el cual paguen lo suficiente para tener ingresos que les aseguren una buena calidad de vida.
(“Campesinos de Risaralda luchan para dejar atrás la guerra”).

El narrador-periodista es un sabedor que “documenta” un evento socio-cultural y expresa, desde el titular, su posición jerárquica en relación con lo que representa, proponiéndose como un narrador omnisciente. Los marcadores emocionales se materializan en expresiones del tipo “solo tenían 2 y 5 años de edad” para construir sentido de vulnerabilidad e indefensión; “sus vidas peligraban en medio de la guerra”, a través de lo cual mimetiza el conflicto armado, elide los responsables de la guerra y suspende definitivamente las causas estructurales del fenómeno de violencia que nomina “guerra”; “narra entre sonrisas la triste experiencia que vivió” con lo cual, el marcador emocional es el recurso que se apropia a efecto de valorar y naturalizar a través de “triste” una realidad sociocultural de despojo y desplazamiento forzado, que se camufla como experiencia individual. Recursos similares se identifican a propósito de “Don Emanuel Franco”.

La voz de la víctima se presenta para ser vista en el ámbito del mercado y la economía y su núcleo axiológico es la competitividad y la individualidad: “Yo cojo el café, que está aquí a 2.000 metros sobre el nivel del mar, lo seco al sol, lo trillo en un pilón, de ahí lo tuesto en un sartén, lo muelo con la máquina con la que molemos el maicito para las arepas, y lo peso y lo vendo así” (Campesinos de Risaralda luchan para dejar atrás la guerra). Las perspectivas o puntos de vista, son expresados por los interlocutores en términos de los significados propuestos, en los cuales se evidencian y formulan relaciones y valores diversos. A partir de esto se expresa la relación semántico-pragmática de gestionar formas de incidir o estructurar y orientar acciones o incluso propender por formas de inacción o parálisis.

La polifonía es un espacio de recontextualización y de resemiotización, en el cual la víctima no es un sujeto de derechos, sino un ser que debe enfrentar las diversas violencias que implican como responsables agentes del Estado, los paramilitares y las guerrillas -de manera directa-, y las empresas nacionales y las multinacionales que, conocedoras de las procedencias de los territorios, los compraron a bajos precios y gestionaron grandes proyectos agroindustriales, mineros o energéticos en los territorios. De acuerdo con el, el despojo de territorios se perpetró mediante violencia física incluida la muerte ocasionada por todos los actores armados del conflicto, y la aplicación ilegal de figuras jurídicas, en lo cual son responsables funcionarios del Estado. Dentro de estos lineamientos discursivos, los Storytelling dan la voz y proponen una relación dialógica para construir una evaluación aparentemente neutra de los hechos del conflicto armado ocultando causas, hechos y violaciones, en las cuales no hay responsable explícito.

La representación de la víctima se construye desde lo que se formula verbalmente y lo que se representa gráficamente, en este caso a través de la fotografía. Los participantes expresan que sufrieron despojo y desplazamiento forzado (en 8). Van Leeuwen (2008) indica que la inclusión de reacciones desempeña un importante papel de evaluación discursiva. Esto es relevante cuando lo que se narra propone al narrador como el sujeto que tiene acceso a los pensamientos y emociones internas de un actor representado discursivamente.

En Guática, con la cosecha de café especial buscan que la paz sea “un respiro largo”.

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[…]Sus padres ven cómo los jóvenes crecen en el campo, y por eso en lugar de ser pasivos y esperar la indemnización administrativa de la Ley de Víctimas, se han rebuscado para trabajar fuertemente y concretar el sueño de ser campesinos prósperos, pese a las múltiples dificultades halladas en el camino. De todos modos, esperan que muy pronto cuenten con dicha indemnización para impulsar como quieren su proyecto productivo. […]
(“Campesinos de Risaralda luchan para dejar atrás la guerra”).

La representación de la víctima parte de implicar que “en lugar de ser pasivos y esperar la indemnización administrativa de la Ley de Víctimas” se adopta la perspectiva de los “jóvenes”: “se han rebuscado para trabajar fuertemente y concretar el sueño de ser campesinos prósperos”. En este caso, se eliden los marcadores emocionales y se propone un sistema axiológico centrado en creencias: “convencidos de poder tener un futuro en paz”. El relato garantiza de esta manera que la víctima se proyecte desde lo económico, eliminando los demás ámbitos que se implican en el proceso de victimización. Esto se rastrea a partir del concepto mismo del despojo, donde la expoliación de bienes a través de la violencia estructural y el desarraigo socio-cultural implica el consecuente desplazamiento forzado. Marcadores como “Sus padres salieron huyendo” […] “donde tuvieron que dejar abandonadas sus pertenencias al ver que sus vidas peligraban en medio de la guerra.” [is … ] “narra entre sonrisas la triste experiencia que vivió”, y el sentido que se deriva de la precariedad en la vivienda, da cuenta del contraste que va del sentimiento del sujeto victimizado a lo que se narra de manera explícita. La víctima deja de poseer los bienes básicos para su vida digna y entra en un estado de precarización articulado a condicionamientos culturales y socioeconómicos que impone el nuevo territorio, las nuevas costumbres, el desarraigo emocional y lo que exige adecuarse a una forma de vida no tradicional en su propia cultura.

La víctima es, por lo tanto, un ser individualizado, son los niños, los padres, los jóvenes, quienes enfrentan la supresión del concepto de diversidad que impone ser niño o ser mujer. Esto es, se elimina la condición de vulnerabilidad que procede de la edad y del género. En la Imagen 9, lo que se observa es la construcción de una realidad representada de manera neutral, donde el acontecimiento ya no existe, formulando expresamente que hay un pasado no transformable y, lo propuesto está relacionado con lo que se ha denominado una historia. La fotografía representa el grupo familiar en donde cada uno de sus miembros es un adulto o por lo menos un joven que puede asumir su propio destino.

Imagen 9: Luis Francisco Arias, Recursos gráficos identificados con N-Vivo 12 (2018).

Imagen 9:

Luis Francisco Arias, Recursos gráficos identificados con N-Vivo 12 (2018).

La representación de la familia incluye un escenario marcado por el verde de la naturaleza en el que se expresa abundancia y riqueza del territorio, el condicionamiento geográfico y social que pretende cierto estado de bienestar, el cual procede de la condición que han adoptado como grupo familiar, de convertirse en emprendedores. La representación de la víctima, por lo tanto, elimina el conflicto con todas sus implicaciones, para proponer que la víctima que se integra a la sociedad logra acceder a los condicionamientos económicos que se derivan de su actividad productiva, sustrayéndolo de los otros ámbitos de la vida social. El fenómeno se construye mediante un plano americano, en el que las personas representadas están cortadas manteniendo el plano hasta la rodilla de los personajes. La excepción es quien representa el padre en la familia, cuyo corte implica un plano medio. Se hace relevante que, la jerarquización de los personajes que se representan va del foco de hombre-viejo en descenso al hombre-joven, intercalando el sentido de edad.

La propuesta mediática señala que la víctima no posee una agencia cognitiva o discursiva, se trata de un ser que debe resolver una condición de amenaza e inadecuación articulada a los bienes materiales y a su capacidad para generar riqueza. La ausencia de agencia en la víctima representada procede del contraste que generan los procesos verbales y de producción de significado, asignables a quien narra; se crea la imposibilidad de escuchar la narrativa vivencial y experiencial de la víctima. Amplifica este fenómeno el hecho que la imagen visual -la fotografía- muestre una familia en la que los jóvenes “esperan”, mientras los adultos “confían en tener indemnización”; la ruptura propuesta individualiza, personaliza y elimina las implicaciones que se derivan de las condiciones propias de cada sujeto victimizado. La búsqueda por homogenizar la identidad de la víctima queda representada en la fotografía como sujetos adultos, o por lo menos, con capacidad de atenderse a sí mismos en sus requerimientos básicos y, por lo tanto, se elide al niño, al anciano, al enfermo, o a las personas que, por razones de la guerra, están lisiadas permanentemente, de manera que se intenta generalizar un tipo de representación genérica de víctima silenciada o modelizada, para ser funcionalizada en los procesos legitimadores que distribuye el discurso del medio de comunicación.

El Storytelling construye el silencio como un recurso para simular acuerdo en el relato; es la ausencia de representación de quien posee el saber testimonial. Se formula una desigualdad, que señala que unas voces no cuentan en la sociedad, mientras otras son valoradas por experticia o acceso a los recursos tecnológicos -materiales y simbólicos-. En el núcleo de este fenómeno, se elide la subjetividad y la experiencia vivida como espacios privilegiados para la construcción de un saber legítimo (Collins, 2000), a la hora de hacer explícitos los condicionamientos, las causas y los factores determinantes del conflicto armado en Colombia, con sus violencias y actores múltiples. El testigo o la víctima es creadora de conocimiento que formula como parte de una negociación dentro de la comunidad, por lo que no se propone confrontar los hechos. En la construcción dialógica y las experiencias vivenciadas se crea un saber con sus axiologías, creando relaciones y puntualizando empatías o tensiones. Siguiendo a Collins (2000), el conocimiento construido sobre la experiencia vivencial con sus valoraciones y evaluaciones visibiliza el carácter, los valores y la ética del testigo-víctima-narrador que conoce. De esta manera, se rescata el principio de que el conocimiento se formula desde las opiniones, las creencias, los hechos y fenómenos a los que se otorga veracidad, con lo cual se asume responsabilidad ética personal. Desde este punto de vista, la identidad se explora y construye en el diálogo, en la posibilidad de tener voz; es la conjunción entre conocimiento del grupo con su punto de vista, y las experiencias que transitan de la subjetividad a la intersubjetividad.

4.3 Promocionando valores o ¿gestionando persuasión coercitiva?

Una estrategia semiótico-discursiva para inferir y determinar el papel del storytelling en el discurso mediático, en el marco del postacuerdo, es usar la estrategia y recursos persuasivos que promueven los intereses del diseñador-productor discursivo. Se formulan narrativas que enfatizan el crecimiento económico centrado en el interlocutor que produce el discurso, no solo del ámbito del mercado mediático, sino especialmente del mercado simbólico, de ideas y principios, implicando los más diversos ámbitos sociales. En este caso, se minimiza la importancia del Estado y su papel en la formulación de políticas y acciones capaces de atender a las personas victimizadas para garantizar los derechos individuales y colectivos. Las prácticas discursivas mediatizadas, manipuladoras y engañosas, se construyen a través de recursos como la complicidad, la orientación, el secreto, o el silencio. El engaño es resultado de gestionar información con propósitos de persuasión apropiando recursos semiótico-discursivos como la distorsión, la elisión parcial y calculada de información, clave para la comprensión de la realidad representada; y, la mentira para construir formas capaces de desorientar la acción social.

(11)
[…] Las zonas veredales surgieron como espacios transitorios para la agrupación de los excombatientes y para que allí se surtiera la dejación de las armas, según describe Humberto de la Calle, el otrora jefe del equipo negociador del Gobierno Nacional durante las conversaciones que comenzaron formalmente en noviembre de 2012. “Se hizo un examen extraordinariamente detallado de cada punto (establecer las zonas) para identificar las vías de comunicación, los corredores y sus distancias con los límites fronterizos y la capacidad de control por parte del Estado”. En su opinión, era clave cohesionar temporalmente a las Farc. Aglutinarlos garantizaba que “les respondieran a los colombianos por los acuerdos” […]. Es cierto que la vida les ha cambiado para bien. Pero el tránsito hacia la vida civil no es del todo fácil. El fariano Albeiro Suárez, de 43 años, cuenta: “El paso hacia la paz es un proceso agitado, con puntos de socialización difíciles. Esperamos un pacto social y político por la convivencia social donde hayan garantías”.
(“En las colinas de la esperanza: la vida en una zona veredal”).

El análisis de los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación – ETCR -, elaborado por la Fundación Heinrich Böll (2018), en algunos municipios colombianos, señala, entre las múltiples dificultades para que el Estado asuma la responsabilidad de garantizar las condiciones para la construcción de paz en el país -entre otros problemas estructurales-, los relacionados con el incremento de las violencias en los ETCR: los crímenes y amenazas contra líderes sociales y reincorporados; la presencia de actores armados articulados especialmente a los paramilitares y narcotraficantes; la ausencia del Estado y el incumplimiento de las condiciones de habitabilidad de las zonas, relacionadas con asuntos básicos como salud y educación; la ausencia de obras de infraestructura que impliquen la vivienda, las vías y los servicios públicos: “el análisis subraya que en ninguno de los casos existe una estrategia productiva solidaria entre las y los excombatientes y comunidades locales”. En este contexto, los storytelling, son fuente mediática de distorsión y omisión de información que permite al ciudadano explicar y comprender las condiciones que están determinando el acceso o la imposibilidad a un país en paz. Se construye una representación del excombatiente de las Farc-EP como un ser con expectativas de futuro, con agencialidad y sentido de responsabilidad social, que afronta las precariedades de la reincorporación, y asume expectativas en relación con el proceso político social en el que está inmerso. Los condicionamientos implican autogestión, sacrificio, incumplimiento, o ineficiencia en el pacto por parte del Estado:

(12)
La motivación para conseguir la paz está intacta, pero eso no le resta los reproches hacia el gobierno en cuanto al mantenimiento y la logística de operación de las zonas veredales. “El proceso de la construcción en las zonas va muy lento, las obras las hemos hecho nosotros. Hemos tenido problemas con la llegada de los alimentos y los materiales de cimentación en los espacios. Lo que hemos construido, aún no es suficiente para los concentrados en este lugar”. Suárez hace una pausa y suelta una frase, empero, que resulta alentadora: “Tenemos una responsabilidad con el país y es hacer un tránsito hacia la paz”.
(“En las colinas de la esperanza: la vida en una zona veredal”).

La observación del fenómeno comunicativo propuesto permite verificar la naturaleza confusa y eufemística de la propuesta discursiva donde se pone, en voz colectiva, las relaciones político-sociales y culturales que se derivan del cumplimiento, o no, del acuerdo de paz. El argumento desvía la atención del ámbito sociopolítico del deber y la responsabilidad del Estado como democracia y como Estado Social de Derecho. Se construye y distribuye con función propagandística la idea de que la paz se centra en quienes se asumen, individual y en pequeños colectivos como reincorporados. La estrategia, por lo tanto, es engañar sin mentir, configurando una comunicación dialógica articulada a la persuasión estratégica, en el sentido de que las voces se fundamentan en saberes y, se propone en alguna medida a las víctimas como participantes activos. Adicionalmente, se narra desde la emocionalidad en “la motivación para conseguir la paz está intacta”, para asumir acciones desde un sentido de abnegación personal.

La elisión parcial o total de información clave para el proceso interpretativo es un recurso massmediático usual. Con frecuencia este fenómeno se articula con los intereses prestablecidos por el medio de comunicación con las elites político-económicas, para lo cual se apropian formas de camuflaje, como la de proponerse como un medio “objetivo” e “independiente” creando, como en los storytelling, una idea de veracidad y de verosimilitud. Esta posibilita eliminar o suspender, parcialmente, los problemas esenciales de los ETCR y, formula criterios de decisión política que ocultan los intereses de los grupos en tensión; en este caso, el Estado y las Farc. Adicionalmente, cuando se afirma que: “Aglutinarlos garantizaba que “les respondieran a los colombianos por los acuerdos” […].” Se atribuye a una de las partes del acuerdo, en este caso las guerrillas, la responsabilidad total de un asunto, cuya responsabilidad compete en primer lugar al Estado y, en segundo lugar, a las partes comprometidas en el Acuerdo; en este caso, el storytelling asume el engaño para distorsionar, deliberadamente un punto de vista socio-jurídico. Siguiendo los planteamientos de Bakir, Herring, Miller and Robinson (2019), la comunicación persuasiva instalada institucionalmente en lugares de socialización se constituye en un recurso para el ejercicio del poder en todas sus dimensiones en el orden nacional e internacional.

El proceso observacional y analítico no permite inferir de manera precisa que la propuesta persuasiva incluya la mentira, pero sí que el proceso de engañar se resuelve a través de recursos que posibilitan desviar la atención de asuntos nucleares o distorsionar en algún grado puntos de vista que conducen a representaciones erróneas de lo que se narra. En el proceso analítico se puede verificar que el conflicto armado con sus acciones de guerra incluyó atrocidades contra población civil inocente; en este caso, se representa cómo funciona, en distintas dimensiones, el recurso de coerción en el marco del conflicto armado, a través de las sanciones que los actores de la guerra infligen contra quienes se convierten en víctimas. Los daños ocasionados circunscriben la vida y los bienes de las comunidades victimizadas. Lo que se narra apropia una persuasión coercitiva que “pretende” orientar las formas de comportamiento social “adecuadas” a quienes ejercen poder a través de la fuerza:

(13)
[…] Fue en la madrugada del sábado 13 de abril de 1985 cuando tocaron a la puerta cuatro hombres. “¡Ejército Nacional! Solo vamos a hacerle unas preguntas”, fueron las palabras que pronunciaron antes de llevarse a Guillermo Quiroz, cuenta Jorge, con incredulidad en los ojos, como si aún hoy –más de 30 años después– no creyera la muerte de su hermano, a quien acusaron de ser guerrillero.
Guillermo, que ejercía como secretario general de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), no vería el sol de la mañana del domingo. Para Jorge, el tiempo no ha borrado el dolor de tener esa imagen tatuada en las retinas: su hermano mutilado, con los dedos cortados, golpes en la cara y los testículos magullados. En el pecho, doce balazos […] Por un lado, la familia de los Quiroz Tietjen acusaron a la Policía de Bolívar y a la segunda Brigada del Ejército, mientras que el entonces coronel, Armando Ramírez Ramón, tachó de “calumniosas” estas acusaciones. “Lograron meter presos a los supuestos victimarios, pero se fugaron, y eso quedó así … como eran de la Policía, nunca se hizo justicia”, detalló el gaitero Pimienta […]. “Los Quiroz Tietjen simpatizaban con las ideas de la izquierda, pero ellos no eran guerrilleros”, asegura Juan Pimienta, quien estudió toda su primaria con los Quiroz. […]
(“San Jacinto, el pueblo que volvió a nacer”).

La coerción cumple el papel socio-comunicativo de instalar, en el saber colectivo, el sentido de la amenaza en razón de los idearios, creencias, saberes o actitudes que distancian a una persona o a una comunidad de los estándares previstos por el victimario. Los storytelling construyen el proceso persuasivo a través del recurso de la incentivación, mediante el cual, se pretende socializar el sentido del beneficio encarnado en la promesa de que quien participa de los idearios que se distribuyen como legitimados por el poder de la fuerza, o desde un estatus social reconocido, se constituyen como parte de los beneficiarios.

(14)
[…] Para Daniela, el cacao nariñense, el mismo que aporta a las 56.785 toneladas que cultivó Colombia en el 2016, según Fedecacao, es la esperanza de un futuro, “es la satisfacción personal, una lucha por estar bien y por, en unos años, tener su propia pastelería”. Con hazañas tan arriesgadas como combinar en un chocolate vinagre balsámico, queso y frutos secos, Daniela ya camina –y lo hace rápido– para encontrarse con los grandes de la pastelería y la repostería. A sus 22 años, viajará a Abu Dabi, Emiratos Árabes, para representar a Colombia en el WorldSkills International, competencia que reúne e integra a 72 países y que, con “campeonatos que se desarrollan como un ciclo olímpico”, busca mejorar los estándares y las normas de la formación para el trabajo mundialmente. […]
(“¿A qué sabe la paz?”).

Los storytelling se diseñan, producen y socializan como una propaganda que inserta el engaño, la coerción y el incentivo como recursos semióticos al servicio de idearios cuya información es insuficiente, o se encuentra manipulada con propósitos desorientadores, de manera que lo que representa de la realidad no sirve al propósito de tomar decisiones racionalizadas e informativamente consistentes. Se proponen, por lo tanto, formas de ser y hacer social con el propósito de apoyar puntos de vista, mantener el statu quo, enfatizar datos irrelevantes y minimizar, elidir o suspender información relevante, desvirtuando o desviando la atención de problemas claves en la vida social, o relevantes para el logro de los propósitos colectivos y sus intereses.

5 Reflexiones finales

El estudio que se formula sobre los storytelling permite verificar el papel nuclear que tienen los recursos y las estrategias semiótico-discursivas en el diseño y posterior socialización de las formas de conocer la realidad social a través del discurso de los medios de comunicación. Los resultados que proceden de la muestra son, en alguna medida, reflejo global de los recursos y estrategias del universo total de los storytelling. Se estudiaron y reconocieron las unidades temáticas emergentes y las asociaciones que evidencian las formas en que se propone el proceso interpretativo para el interlocutor, formuladas para prospectar el proceso de paz en Colombia, centrado principalmente en las víctimas del conflicto armado. La tematización emergente y las asociaciones semánticas permitieron corroborar cómo se proponen los modelos de víctimas como sujetos de éxito, ganadores, de una forma de ser adecuada a los principios y valores que se derivan de una economía centrada en la acumulación. Se establece desde el discurso que los procesos de memorialización son eludibles de la vida de la víctima, si esta se concentra en la búsqueda por instalarse con competitividad y éxito en el mercado productivo; de esta manera, se superan y resuelven los problemas y traumas que se derivan del conflicto armado. En este caso, la paz procede de la capacidad de la víctima para ser empresario/emprendedor.

Las distintas formas de mediatización y los alcances y potencialidades semiótico-tecnológicas de quienes producen y socializan los storytelling dejan evidencia de que este tipo de narrativa es un subgénero emergente, que se elabora para crear la percepción de que el medio de comunicación “documenta” la realidad social, y las implicaciones del conflicto armado, en este caso, con el propósito de contribuir a construir el proceso de paz en Colombia, teniendo como eje de la solución, el fortalecimiento de la actividad económica. Dentro de esta estrategia sociopolítica se elimina la integridad de los ámbitos que constituyen la vida digna para el ser humano, y se configura la apariencia mediática de que se otorga voz a las víctimas a través de los recursos de la polifonía y la intertextualidad. Estos recursos contribuyen a formular “modelos” a partir de los cuales se pretende gestionar la documentalidad.

Los storytelling construyen marcos, a través de los cuales se crea la percepción del sujeto solidario–dador paternal; se fortalece la representación de la víctima como sujeto de sufrimiento y el dolor y se naturaliza la ausencia del Estado. La víctima es una cifra o carece de valor como ser humano y, mediante la generalización, se mimetizan las formas organizativas de las comunidades. La representación mediática de la víctima emprendedora o el modelo de víctima se centra en la axiología propia del sistema neoliberal, para lo cual se evidencia la necesidad de la individualización del sujeto, la construcción del modelo de eficiencia, el sentido de la competencia y la condición de productividad para alcanzar el éxito. En este marco, el Estado abandona la responsabilidad de gestionar una sociedad anclada a los principios del Estado Social de Derecho.

El fenómeno de recontextualización y resemiotización se pone al servicio de intereses que no tienen correlato alguno con la voz de la víctima, de manera que lo que se formula es una acomodación del significado al servicio de los intereses de quienes se benefician de las acciones que aparentemente se denuncian. La polifonía mediática perfila voces subyugadas, no autónomas que se hacen autorreferenciales, en la medida que el discurso producido está diseñado para hablar de sí mismo haciendo posible la exclusión de la otredad. Es, por lo tanto, un dialogismo cuyo eje es la exclusión. La relación de exclusión formulada desde la selección de voces, se produce mediante la presencia de voces puestas al servicio de quien produce y socializa la narrativa. En perspectiva sociopolítica y cultural, se infiere que los procesos de recontextualización y la polifonía sirven a propósitos estratégicos en el ejercicio de la política nacional y las tomas de decisiones en la acción política, a través de las cuales, por una parte, se sustenta que la víctima es un sujeto que debe asumir su propio destino y ajustarse a los principios de individualidad y logro de éxito, a fin de insertarse adecuadamente en el sistema político-económico; y por otra parte, se deslegitima las reclamaciones de derechos, esto es reparar las víctimas, justificar la eliminación de la acción colectiva; normalizar y negar el conflicto armado y sus consecuencias socio políticas, económicas y culturales para grandes sectores poblacionales.

Se señala el conjunto de recursos y estrategias discursivas de carácter persuasivo, que se involucran en el diseño y producción de los storytelling, donde se verifican entre otros posibles fenómenos, el engaño, la incentivación y la coerción, lo cual evita, o por lo menos limita, la comprensión conceptual y empírica de los procesos de memorialización como condición para el logro de la paz; esto con el propósito de formular un estándar de vida para la víctima como emprendedor, en el marco de una democracia débil, corrupta y con crisis de orden político y social. Apropiar los recursos persuasivos explica todas las formas de actividad persuasiva, e incorpora formas de entender el uso y apropiación de elementos manipulativos a través de la incentivación y la coerción, para el logro de intereses específicos. Se intuye, así, un ejercicio de propaganda en los storytelling, en la medida en que el discurso se usa para controlar y usufructuar la acción física, sociopolítica y económica en contextos en lo que se promete incentivar o coaccionar como condición de adecuación social. La propaganda mediática se formula como un dispositivo que garantiza la producción de una aparente coherencia social que es operada sistemáticamente para defender los intereses de las organizaciones mediáticas y sus vínculos con instituciones o con grupos socioeconómicos (Zollmann, 2017).

Esta manera de proceder es útil para explicitar y comprender las formas en que el poder de la comunicación mediática funciona en los ámbitos político, económico, social y de guerra. Se trata de evaluar e integrar casos empíricos, que como los storytelling, proporcionan datos y un enfoque coherente para evaluar aspectos clave, para explicar los problemas de la democracia y dar cuenta del sentido e importancia de construir recursos para formular multidimensionalmente los procesos de memorialización, como condición para pensar el proceso de paz en Colombia caracterizado por involucrar múltiples actores y sustentar tensiones diversas.


Corresponding author: Neyla Graciela Pardo Abril, Universidad Nacional de Colombia, Carrera 45 # 26-85, Bogota, 111321, Colombia, E-mail:

El Grupo Colombiano de Análisis del Discurso Mediático (Colciencias A), a través de ONALME (Observatorio Nacional de Procesos de Memoria), trabaja con la red de investigación SPEME, sobre las memorias colectivas y los procesos de memorialización. Questioning Traumatic Heritage: Spaces of Memory in Europe, Argentina, Colombia - SPEME está financiado por el programa de cooperación Horizon 2020 de la Unión Europea y se desarrolla de manera conjunta entre la Universidad de Bolonia, la Universidad de Ámsterdam, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Colombia, Fundación Campo di Fossoli, Museo Sitio de Memoria Esma y H401 (Project ID: 778044).


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Published Online: 2020-08-24
Published in Print: 2020-06-25

© 2020 Neyla Graciela Pardo Abril, published by De Gruyter, Berlin/Boston

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